Gastón, el gato vaca que llegó en medio de una historia (de amor y maullidos) ❤😺


Corría el año 2018 y con KarenMacho empezábamos a salir… en la clandestinidad (pero esa es otra historia que algún día contaré, cuando ya no me dé tanta plancha). Una de nuestras escapadas favoritas era ir a un mirador desde donde se ve toda Punta Arenas. Nuestro lugar para conversar, soñar y mirar la ciudad desde arriba.

Y justo cuando ya nos íbamos, en ese silencio donde solo se escucha el viento, se coló un maullido. Uno. Luego otro. Nico detuvo el auto de golpe. Y ahí estaban: dos minigatitos al borde del camino. Eran tan pequeños que no debían tener más de un mes. Uno blanco como la nieve. El otro blanco con manchas negras, con esa típica carita de vaquita que lo hacía imposible de ignorar. Ese era Gastón.

No lo pensamos dos veces. Los subimos al auto sin saber qué íbamos a hacer con ellos. Esa noche durmieron escondidos en la casa de Nico, los dos sobre su cama. Pero ahí no se podían tener más animales, así que, al día siguiente, el gatito blanco fue adoptado por una tía de Nico… y el gato vaca se quedó conmigo.

Lo metí a mi casa a escondidas. Y Jorge Alberto —mi gato mayor, mi tóxico favorito— se sintió profundamente traicionado. Se escapó y estuvo todo el día afuera, indignado. Mientras tanto, Gastón Brian apenas maullaba. Lo tuve varios días encerrado en mi pieza mientras aprendía a usar el arenero. Era tímido, silencioso, observador.

Hasta que ya no se pudo ocultar más, y salió a recorrer lo que sería su casa. Su hogar. Su familia.

Cuando era bebé, dormía enrollado en mi cuello. Como una bufanda con ronroneo. Me acompañaba en silencio, como si supiera que ese era su lugar.

El problema fue (y sigue siendo): Jorge no lo toleraba. La convivencia fue terrible. Bueno… lo sigue siendo. Gastón y Jorge se toleran desde lejos. Nunca han compartido una cama. Ni lo harán. Jorge sigue siendo el rey indiscutido de la casa.

Pero Gastón encontró su lugar. Porque es un alma libre. Es de esos gatos que no necesitan estar todo el tiempo encima tuyo, pero cuando se acercan, lo hacen con intención. Con ternura. Y se te derrite el corazón. Puede pasar el día entero solo, y de pronto aparece, te da un poco de amor y se va como si nada. Y está bien así. Porque es su forma.

Hoy Gastón tiene 7 años. Es serio, elegante, medio emo a ratos. Le gusta mirar desde lejos, pero también se deja querer cuando lo necesita. Es de esos amores que no hacen ruido, pero que marcan profundamente.

Gracias, Gastón Brian, por llegar sin pedir permiso.
Por recordarme que el amor también puede ser tranquilo, pausado y silencioso… pero no por eso menos fuerte.

Y aquí seguimos, en una casa gobernada por Jorge Alberto, acompañado de Gastón Brian y William Patricio (el actor de telenovela). Mientras tanto, Don Raúl CEO y el Abuelo Rai reinan desde la Fundación, cada uno con su propio cuarto… aunque sabemos que comparten más de una siesta.

Porque al final, de eso se trata: de formar familia, incluso cuando llega sin aviso.
Incluso cuando viene envuelta en manchas blancas y negras, con cara de vaca y corazón de oro.

KarenPauly, la humana de los nombres largos y los corazones llenos.




 

Comentarios

  1. Bella historia karen!! las adopciones inesperadas que llenan de amor, yo tambien tengo un hermoso gatobaca🐱💕

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  2. El gato vaca 😹😹😹😹😹

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